dimarts, 8 de setembre de 2009

San Lorién


Habitantes: 13 hab. en 1986 y en el 2001 unos 9 hab.

• Altitud: 840 m. sobre el nivel del mar.

• Gentilicio: sanlorientino

• Distancia a Huesca: 123 km.

• Días festivos locales: la fiesta mayor el 10 de agosto para San Lorién y la pequeña para San Blas.

Aldea que pertenece al municipio de El Pueyo de Araguás, en la provincia de Huesca.
Se encuentra en la pendiente de la ladera, con cuatro casas en pie y la iglesia en la cota más alta.
En el siglo XVI había 6 fuegos. En 1857 solo había dos casas y luego figuró como despoblado, en cambio en 1986 había 13 habitantes.

La iglesia es románica, con ábside semicircular. Un vano que se encuentra orientado al mediodía, hace pensar en una antigua cripta, junto con dos fustes de columna lisa, que en su día sirvieron para apear los arquillos. La puerta la encontramos al oeste y es posterior. En el interior encontramos el ábside un poco aislado, al levantarse muros dentro de la nave. La nave fue acortada.
El templo es de nave única, descaradamente orientado al noreste. Sus dimensiones aproximadas son de 9,30 m de largo por 8 de ancho, siendo evidentemente desproporcionado en su actual aspecto. Revela sucesivas modificaciones que han debido de desvirtuar bastante su aspecto original. De esta primera fase queda buena parte del cilindro absidal y del arranque de los muros laterales.
El cilindro absidal se organiza en tres lienzos gracias a la existencia de dos "semicolumnas" adosadas. Solo de lejos aparentan ser columnas, pues realmente son bloques pétreos colocados verticalmente y con su borde libre redondeado como lo vemos en las molduras tóricas o los baquetones de los ábsides del Gállego.

Se interrumpen las dichas columnas unas cuantas hiladas antes de llegar al alero del tejado; hiladas que evidentemente son añadidas a lo que resta del cilindro absidal original. Centra el lienzo medio un ventanal aspillerado, que probablemente fuera adintelado; pero que ha perdido su porción superior. Es probable que la bóveda absidal también haya desaparecido, dado el aplanamiento de la techumbre de la misma y la situación del ventanal descrito. No es posible comprobarlo puesto que al interior se erigió un muro plano a nivel de la articulación de nave y cabecera.

Dos recios y cortos contrafuertes sustentan el muro norte. En el lado sur, hallamos una pilastra doblada reforzando la uniín cabecera-nave. En la misma, a un par de metros, hay un sillar que representa a un felino en carrera, considerado en el arte románico, como un elemento inédito. Són diversas las polémicas derivadas de este elemento se le llamó visigodo incluso Celta proviniente de alguna de las culturas de los campos de urnas; quien sabe, seguiré investigando.


Al interior, no es posible conjeturar nada con fundamento. Un muro plano oculta lo que reste de la cabecera, y el resto se halla totalmente emboscado tras una capa de pintura ocre. Preside el altar una talla moderna de San Lorenzo, y en el muro norte un mechinal perforante se halla en funciones de reducida credencia, de la que desapareció un cáliz a causa de esa fácil comunicación con el exterior




Hace algun tiempo mí padre se decidió a llevarme de nuevo a una de nuestras excursiones por el altoaragón en que recorremos lugares singulares, especiales, culturales e históricos de la tierra que le vió nacer. En este caso me habló de una aldea situada sobre Laspuña llamada San Lorién y decidimos pasar a ver como andaba.

Era un sitio tranquilo en que se podían apreciar, como ya en qualquier lugar, la placa con un pequeño resumen de la historia del lugar y sus peculiaridades que relato en la crónica anterior. Lo más agradable y fué cuando decidí bajar al pueblo a dar una vuelta a las tres o cuatro casas y a intenar buscar al "león".

Enseguida me amaneció una señora (legendaria en edad) con un saco de bellotas enorme a la espalda y otra que la seguía de mediana edad. Hablamos durante un rato, yo allí con mí aspecto cargado de urbanitismo deplorable; incomodando y divirtiendo a la pareja de mujeres que hacían las veces de pueblo. -"me llamo Lorién" decía ilusionado -"a pos muy bién, de donde vienes tal" en estas que pregunto por la piedra leonada y me mira misteriosamente la más joven advirtiendome -"no se vé todos los días la piedra que dices", inocente de mí dije un -"a sí?" espectante. Me dijo que buscara alrrededor de la hermita -"pos no recuerdo muybién donde,era quizas detrás, delante..." corriendo subí a buscarla pensando hallarla semi enterrada casi como un descubrimiento propio de un recién iniciado en los estudios históricos, poder interpretar correctamente aquello que otros no supieron.

En vano la busqué durant largo rato esperando su "aparición". recordé además -"depende del tiempo que hace se vé con más freqüencia" deduje que no era propicio el momento. Me fuí sín ver más que en foto la rareza, imaginaba quién sabe que una piedra enorme que resultaba estar reutilizada en una pared de la ermita. Gracias señoras sanlorentinas por su paciencia, si no fuí capaz de encontrar la piedra, como para hallar explicación.



Especulando un poco, quizás influenciado por las historias de lobos que me contó mí abuelo, en sus peripecias como ayudante (a mí bisabuelo) de correo entre valles allá por los años 30 en que debía llevar unas cerillas "por si acaso". Me atrevo a afirmar que el relieve és un lobo. Ahora vamos más allá, en algunas culturas pirenaicas, por lo que sé, tienen un culto a la naturaleza muy fuerte y frecuentemente además una fobia quizás justificada al lupo y onso. Me refiero a culturas prerománicas; también és habitual en algunas de aquí i allá, ahora me voy algo más lejos de representar su dominio sobre la naturaleza, a través del miedo y respeto, haciendo representaciones en piedra u otros medios a modo de advertencia.