dimarts, 1 de setembre de 2009

ROMA VERSUS YAKA

L’ any 195 b.p. entra en les terres dels iacetans el Cònsul Marco Poncio Catón enviat pel senat romà amb el propòsit d’ acabar amb els moviments rebels amb l’ estrategia de confrontació d’ uns pobles amb els altres a través dels pactes. Pasarà per la Zaragozana Salduie Pujarà fins a Lleida y per Bolskan (després de pactar amb els ilegets de la zona un pacte de no agresió) s’ atança cap a Iaka. L’ exèrcit que arriba a Hispània era certament important “dos legiones, quince mil aliados del nombre latino y ochocientos jinetes” a més de 20 naus.

La poderosa màquina militar romana s’ encamina cap a Iaka, la fortaleça i capital dels iacetans per a sotmetre-la i acabar amb la seva permanent rebel.lia i amenaça. L’ historiador Titus Livi en la seva Història de Roma des de la fundació explica amb tot luxe de detall aquesta acció militar “los iacetanos, pueblo remoto y salvaje, continuaban en armas, bien por su natural fiereza o bien por su conciencia de haber saqueado a los aliados con incursiones por sorpresa mientras el cónsul estaba ocupado con su ejercito”sometent altres pobles que eren enemics dels iacetans. “Por eso el cónsul, para atacar su ciudad fortificada, además de las cohortes romanas llevó también a lajuventud de los aliados, justamente resentidos hacia ellos”.

“Tenían una ciudad muy extendida a lo largo pero mucho menos a lo ancho. Hizo alto a unos cuatrocientos pasos de distancia. Dejó allí un retén de cohortes escogidas y les dio orden de no moverse de aquella posición hasta que él estuviese de vuelta; con el resto de las tropas dio un rodeo hasta el extremo opuesto de la ciudad. El contingente más numeroso de sus fuerzas auxiliares estaba constituido por jóvenes suesetanos, a los que dio orden de avanzar para atacar la muralla. Cuando los iacetanos reconocieron sus armas y enseñas recordaron con cuanta frecuencia se habían paseado impunemente por su territorio y cuantas veces les habían derrotado y puesto en fuga en batallas campales, abrieron súbitamente la puerta y se precipitaron en masa sobre ellos”.

El que semblava una nou intent primaveral dels pobles suesetans, als que els iacetans havien expulsat del territori, acabaria essent un engany: els veïns suesetans “apenas si resistiron su grito de guerra” i horroritzats van fugir perseguits pels iacetans. I finalitza el relat de Titus Livi – que va confundir els iacetans amb els lacetans- explicant que “cuando vió el cónsul que las cosas se desarrollaban según lo previsto galopó a lo largo de la muralla enemiga hasta las cohortes, se las llevó con él mientras andaban todos dispersos en persecución de los suesetanos, las metió en la ciudad por la parte en que estaba silenciosa y desierta, y lo tomó todo antés de que volvieran los iacetanos. Poco después, como unicamente les quedaban las armas, se le rindieron”