dilluns, 27 de setembre de 2010

José Antonio Labordeta Subías


(Concert a Huesca 1976, un dels organitzadors era el meu pare Vicente Casasús)

(Zaragoza, 10-III-1935 - 19-IX-2010). El más importante cantautor aragonés y una de las más decisivas personas en la recuperación de la conciencia regional aragonesa. Su padre era profesor de Latín y director del colegio Santo Tomás de Aquino, donde estudia él mismo y, al licenciarse en Historia, imparte clases algún tiempo. Vinculado familiarmente a Belchite y Azuara, en esos pueblos pasa -especialmente en Belchite, donde el recuerdo de la guerra civil es permanente- largas vacaciones y vive el mundo campesino de cerca. Inclinado por su padre a estudiar Derecho, abandona la carrera en 4.° curso y termina la de Filosofía y Letras, que simultaneaba, influido -como lo estará durante toda su vida- por su hermano Miguel .

En la Facultad conoce a Juana de Grandes, con la que años más tarde contrae matrimonio. El grupo que asiste con él a la tertulia del Niké (además de su hermano Miguel, Pinillos , Luciano Gracia , Julio Antonio Gómez , Manolo Rotellar , Rosendo Tello , Ferreró y muchos otros) va creando una tradición literaria -de vertiente fundamentalmente poética, pero no sólo- de extraordinaria importancia en la difícil vida cultural de la postguerra. El grupo consigue todo tipo de lecturas y las devora y, en la biografía particular de José Antonio llegarán los grandes cantantes «comprometidos» como Brassens, Ferré, Atahualpa Yupanqui, los catalanes Raimon, Ovidi Montllor, Pi de la Serra, etc., Paco Ibáñez, Pablo Guerrero, ya en una época en que el poeta ha decidido andar ese camino de divulgación lírica y social por la canción.

Tras dos años de estancia como lector de español en Aix-en-Provence (Francia) en los primeros 60, aprueba oposiciones a agregado de Instituto y marcha con su mujer a Teruel (1964-1970). Esos años de calma y de vivencia profunda del más deprimido Aragón marcarán decisivamente su biografía.

En Teruel, además del Instituto, es jefe de estudios del Colegio Menor San Pablo, donde conoce a Eloy Fernández Clemente , Agustín Sanmiguel, Jesús Oliver: y, como alumnos allí y en el Instituto, a Joaquín Carbonell , Federico Jiménez Losantos , Cesáreo Hernández y una larga lista de excelentes jóvenes salidos de los pueblos de la provincia. También entabla una gran amistad con el catedrático de Literatura, José Sanchís Sinisterra , ya entonces importante autor y director teatral, y su esposa, la actriz Magüi Mira, con Agustín Cebeira y, en otro terreno con el malogrado novelista Eduardo Valdivia .

Desde 1970 se traslada a Zaragoza, primero como director de una filial en el barrio de La Paz (donde conoce la dura situación social, el lumpen, la picaresca y la hondura humana de un alumnado bien diferente) y luego en los institutos Pignatelli y del Alto de Carabinas. A partir de su estancia en la capital aragonesa comienza a publicar más y más libros de poesía y a recorrer un camino triunfal en la canción. Son los duros años del final del franquismo , y junto a los entusiasmos indescriptibles de sus auditorios llueven las dificultades, prohibiciones y censuras a sus recitales, discos y libros, negativa del pasaporte, etc.

Fundador en septiembre de 1972, junto con Eloy Fernández, de Andalán , durante toda la larga y difícil andadura del periódico será su más decisivo puntal; goza, en él, de una enorme autoridad moral ante el equipo editor -será durante algunos años presidente de la Junta de Fundadores- y escribe páginas inolvidables. En política se mantiene con gran independencia como una de las más claras voces de la izquierda, apoyando de muy diversas formas la lucha por las libertades, si bien en las primeras elecciones comparece en la lista del P.S.A. , a cuya fundación contribuiría, y más tarde, en las generales y municipales de 1979, apoya las candidaturas del P.C.E. como independiente.

Sus recitales, aparte el profundo contenido poético, son en todos esos años auténticos plebiscitos en favor de la libertad. Sus canciones, y de modo muy especial «Aragón» y «Canto» y «Canto a la libertad», son auténticos himnos, el segundo cantado en casi toda España en manifestaciones, mítines y otros actos. Su voz, brusca y airada -a veces extremadamente tierna-, es la más conocida y querida de Aragón. Y, junto a todo ello, José Antonio -que recorre Suecia y toda Europa central, congrega, sobre todo, a miles de emigrados en Cataluña, Valencia, Madrid, etc., y, conocido en toda España, es finalmente tolerado en R.T.V.E. y difundido en muchas emisoras- es un hombre sencillísimo.

Así siguió Labordeta hasta 1991, fecha en la que recibió la medalla «Juan de Lanuza» y en la que decidió retirarse de los grandes conciertos, aunque todavía protagonice algunos en actos reivindicativos aragoneses e incluso en sus propios mítines, pues tras su paso por el P.S.A. y P.C.E., «el abuelo», como cariñosamente se le conoce, retornó a la política activa presentándose en las listas del Senado de I.U. y posteriormente, en 1996, encabezó la lista de las generales de CH.A. Ese año no llegó a Madrid, pero cuatro años más tarde, sí; en las elecciones generales de 2000, Labordeta deja su escaño en las Cortes de Aragón que ocupaba desde el año anterior y toma posesión del cargo de Diputado del Congreso. Los medios de comunicación nacionales le concedieron especial importancia al tratarse de un personaje conocido en su faceta musical y televisiva: en T.V.E. participó en la adaptación de la obra de C. J. Cela Del Miño al Bidasoa, interpretando al vagabundo Dupont y especialmente celebrado fue el programa «Un país en la mochila», que recuperó para todo el Estado la idea de un viejo libro suyo, Aragón en la mochila. La serie consistía en un conjunto de viajes a pie por comarcas españolas que Labordeta recorría mostrando sus paisajes y manteniendo sabrosas charlas con sus habitantes: artesanos, labradores, párrocos, ancianos, etc.

En las elecciones al parlamento del 2008, José Antonio Labordeta ya no se presentó como número uno por Chunta Aragonesista, relegando a un segundo término su vida política.

Diagnosticado con cáncer de próstata, la enfermedad le obligó en los últimos años a moderar su actividad pública. El 3 de septiembre de 2009 dio su último recital. Fue en compañía de Joaquín Carbonell y Eduardo Paz en Ejea de los Caballeros. En este periodo Labordeta publicó los libros autobiográficos 'Memorias de un beduíno en el Congreso de los Diputados', en el que resumía su vida parlamentaria; y 'Regular, gracias a Dios', memorias compartidas.

En los dos últimos años José Antonio Labordeta ha visto reconocida su trayectoria con numerosos galardones. El nombramiento como Aragonés de Honor por El Periódico de Aragón inauguró en 2009 una serie galardones que incluyen la la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, la Medalla de Oro de Santa Isabel que otorga la DPZ, la Medalla de Oro al Mérito del Trabajo, el nombramiento como Doctor Honoris Causa de la Universidad de Zaragoza, la Medalla de Oro de la SGAE o la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, que recibió el 6 de septiembre de 2010 de manos de los ministros Carme Chacón y Ángel Gabilondo. Asisismo, sus amigos y compañeros de profesión le realizaron un homenaje en el Teatro Principal de Zaragoza.
A título póstumo el Gobierno de Aragón le concedió la Medalla de Aragón.

Miles de ciudadanos han querido despedir a José Antonio Labordeta acudiendo a la capilla ardiente instalada en el Palacio de la Aljafería durante los dos días posteriores a su fallecimiento.

• Poesía y canción en J. A. Labordeta: Se le conoce sobre todo como cantante, como «cantautor», una de las voces más significativas en el campo de lo que se llamó «Nueva Canción» no sólo en Aragón sino en todo el Estado español; lo cual no dejaba de ser algo injusto, ya que su canción nacía de su poesía, porque José Antonio llegó a la canción por poeta, por deseo de dar mayor audiencia a sus versos. Así es como muchos aspectos de su canto -que tiende a ocultar sus múltiples y variadas actividades- ya estaban en su obra poética.

Aunque la influencia de su hermano Miguel, el gran poeta maldito, haya sido capital en su formación, los primeros pasos en poesía José Antonio los da bajo el signo del peruano César Vallejo. Sucede el pensamiento (1959) es una poesía del yo inmerso en un mundo cerrado y sin grandes esperanzas («Nada sucede a diario sobre nosotros mismos»).

En Teruel, se da el encuentro con una tierra «brutal» atestiguado por varios poemas de las Sonatas (1965); es también la época de las primeras canciones, hermanas de estos poemas; es el nacimiento en tierras turolenses de un compromiso personal con una tierra y con su pueblo, el compromiso de un grupo de amigos que unos años después iban a emprender una de las más extraordinarias y maravillosas aventuras: la creación del periódico Andalán , del que José Antonio ha sido uno de los colaboradores más constantes.

Fruto de estos años es el libro Cantar y Callar, y el primer L.P. que lleva el mismo título, cuyas canciones lograron ser publicadas y difundidas no sin grandes problemas en las emisoras de aquellos tiempos.

De sus contactos con la realidad aragonesa nacieron las tres novelas cortas: Cada cual que aprenda su juego; El comité -que vienen a recordarnos cómo se desencadenó un 18 de julio «la bestialidad», esta guerra civil («la última guerra civil») que tanto marcó la generación de los nacidos en los años 30, que de niños vivieron las consecuencias de esta lucha fratricida-, y El trajinero, que a través del monólogo interior del héroe nos ofrece una visión muy negra y pesimista del país: guerra, exilio, miseria, emigración, abandono de los pueblos y de la tierra, que se muere; temas que seguirán siendo motivo de las canciones de su segundo L.P., Tiempo de espera, y del tercero, Cantes de la tierra adentro.

De 1972 es su cuarto libro de poemas, Treinta y cinco veces uno, cuyas dos primeras partes siguen con la temática aragonesa; en cambio, la tercera marca una vuelta al yo, pero no es el mismo yo que en Sucede el pensamiento, ya que ha sido enriquecido por el compromiso y que sobre todo es un yo generacional, con valor de «nosotros», que, además, apunta decididamente a lo universal por protagonizar una reflexión sobre el destino del hombre a partir de una experiencia personal. Esto se plasma en Tribulatorio (1973), donde a través de su autobiografía poética el autor nos da el retrato de su generación; ahí vemos claramente el paso de lo particular a lo generacional. «Como un ardiente niño» (1974-1975) es una tentativa por parte de José Antonio de quitarse de encima uno de sus «fantasmas»: su niñez, su «amada y odiosa niñez»; pero, como ya se enunciaba en una de las citas que encabezan el libro, nadie puede «desmemoriarse en un grito»... Por lo tanto es un fracaso. Otro «fantasma» de José Antonio omnipresente en toda su obra es la madre, una madre campesina, muy «tribal», muy posesiva, pero al mismo tiempo de una enorme fuerza y a quien el poeta aplica muchas veces el lorquiano: «las madres terribles...»; a este personaje fuera de serie van dedicados poemas, canciones, y sobre todo la novela, Mitologías de Mamá. Este deseo de analizar el destino humano, de «leer el mundo que nos rodea a partir de nuestro entorno de nuestra circunstancia», lo vemos en su obra Método de lectura (1981).

Posteriormente ha seguido publicando poesía: Diario de náufrago (1988), Monegros (1994), Tierra sin mar (1995) y narrativa: Aragón en la mochila (1983).

A partir de 1975 el tema de Aragón casi desaparece como tal de la poesía; en cambio está muy presente en la canción, aunque con matices nuevos: los textos descriptivos, los que nos cuentan una historia con esos personajes entrañables e inolvidables como «La vieja», «Severino el sordo», etc., ya han pasado a formar parte de la memoria popular aragonesa: esos textos, sin desaparecer del todo, van siendo dominados por poemas que atestiguan y acompañan las luchas por y para Aragón; notable es en muchas canciones -doce entre 1974 y 1975- la fusión del combate por la Tierra y por la Libertad: «Agua para el erial, trigo para el barbecho, para los hombres camino, con viento y con Libertad». Doce canciones en las cuales José Antonio afirma que el mañana está cerca, que ya no es tiempo de esperar, que gracias a un esfuerzo solidario la noche va a terminar; por estas fechas también la emigración ya no es ese mal ineludible que veíamos en los primeros textos («Sólo queda el camino como consuelo»), sino algo por lo que se puede y se debe combatir: hay que regresar al país, a las viejas casas, todos los brazos son necesarios para construir un Aragón nuevo.

Con la «Cantata para un País» se cierra el ciclo de estas canciones, y dicho L.P. cristaliza todo lo anterior, a la vez que es punto de partida para la obra futura. A pesar del final «depresivo cachondo»; característica de muchas de las crónicas de Andalán (no se debe olvidar que José Antonio, alias «Polonio», fue el fundador de la Izquierda Depresiva Aragonesa), Labordeta sabe que uno no puede dejar de estar en la brecha.

No habría que olvidar al José Antonio músico, pues su deseo de enraizar su voz hace que sus músicas manifiesten también un deseo de recuperación cultural; tan impregnado está de su tierra que, mientras pretende recuperar ritmos populares, lo que hace en realidad es crear algo tan de acuerdo con el alma popular que a todos nos suena como algo muy suyo aunque muy olvidado a causa de las manipulaciones padecidas por el folclore de esta tierra. Creador en sus textos, José Antonio lo es también en su música, y las dos cosas las hace en tal simbiosis con sus tierras y sus gentes que por antonomasia se ha convertido en la voz de Aragón y para Aragón. Su peculiar estilo puede rastrearse en los discos que ha seguido grabando desde entonces: Las cuatro estaciones (1981), Qué queda de tí, qué queda de mí (1984), Aguantando el temporal (1985), Tú y yo y los demás (grabado en directo en Madrid con Paco Ibáñez, Imanol, Sabina, Ruibal y Ovidi Montllor, 1987), Qué vamos a hacer (1987), Trilce (1989), Canciones de amor (1993), Recuento (grabado en directo en el Auditorio de Zaragoza, 1995), Paisajes (1997), 30 temas (2001) y Con la voz a cuestas (2001).

La influencia de Labordeta en los músicos aragoneses ha sido siempre primordial, y prueba de ello es el homenaje que recibió en el verano de 1999 en el Pantano de Lanuza en forma de concierto de una serie de jóvenes grupos que versionaron sus canciones. El acto quedó registrado en el C.D. Labordeta. Nueva visión (Prames, 1999).

• Obra: Revistas: Orejudín y Despacho literario. Libros: 1958, Sucede el pensamiento; 1965, Las Sonatas; 1970, «Mediometro»; en Papeles de Son Armadans; 1971, Cantar y Callar; 1972, Treinta y cinco veces uno; 1973, Tribulatorio; 1974, Cada cual que aprenda su juego; 1976, Poemas y canciones; 1980, Método de lectura. Discos: 1968, Los leñeros; 1974, Cantar y callar; 1975, Tiempo de espera; 1976, Cantes de la tierra adentro; 1977, Labordeta en directo; 1978, Que no amanece por nada y Crónicas de Paletonia; 1979, Cantata para un país; 1980, Método de lectura; 1983, Aragón en la mochila; 1988, Diario de un náufrago; 1994, Monegros; 1995, Tierra sin mar; Con la mochila a cuestas, (2001); Banderas rotas, (2001); Dulce sabor de días agrestes, (2003); Cuentos de San Cayetano, (2004); 2007, En el remolino; 2008, Memorias de un beduino en el Congreso de los Diputados; 2010, Regular, gracias a Dios. Discos: 1981, Las cuatro estaciones; 1984, Qué queda de tí, qué queda de mí; 1985, Aguantando el temporal; 1987, Tú y yo y los demás; 1987, Qué vamos a hacer; 1989, Trilce; 1993, Canciones de amor; 1995, Recuento; 1997, Paisajes; 2001, 30 canciones en la mochila; 2009, Vayatrés (con J. Carbonell y Eduardo Paz).

• Bibliog.: Mainer, J. C.: Labordeta; Júcar, Madrid, 1978. Vázquez, J. J. y Ballabriga, L. M.: La canción popular aragonesa; Alcrudo, Zaragoza, 1977. Entrevista en Trecet, R. y Moreno, X.: «Me queda la palabra»; Dédalo, Madrid 1978, pp. 333-369.