dijous, 12 d’agost de 2010

La ciudad que vió Pío Baroja (notas)

En la primavera de 1931 andaba Pío Baroja por Jaca siguiendo para un periódico madrileño el desarrollo de los juicios que se celebraban en el cuertel de la Victoria contra los implicados de la insurrección republicana del 12 de diciembre de 1930. El escritor vasco no perdió el tiempo durante su estancia en la ciudad, paseó largamente por sus calles, conversó con los vecinos e hizo acopio de todo tipo de detalles. Pocos meses después, ya en 1932, entregó a la imprenta una novela, que dio en llamar "El cabo de las tormentas" y cuya acción transcurría en parte en Jaca, con la sublevación de Galán de telón de fondo...

[...] Por aquellos tiempos Jaca era la cabecer de un partido judicial que censaba a una población de derecho que rondaba los 40000 habitantes. Un total de 77 municipios, que englobaban a 264 entidades de mayor o menor fuste, dependían administrativamente de ella y su protagonismo comercial se extendía desde la zona más occidental de la provincia, en el valle de Ansó, hasta la Guarguera y el Sobrarbe, entonces rebosante de actividad y con una población considerable. La importancia de Jaca como referente comarcal la refrendaba cada viernes el mercado que se celebraba en la actual plaza de la Catedral, que se extendía en realidad por todo el casco viejo, y que concitaba la atenció de cientos de personas, venidos desde cualquier punto de la comarca para vender un fajo de leña, comprar un "macho" o simplemente disfrutar del ambiente de fiesta que traía consigo la cita semanal[...]

El arco iris [...] Su dueño era Nemesio Quintanilla, hermano del director de EL PIRINEO ARAGONÉS Francisco de Quintanilla, y en este semanario se anunciaba todas las semanas. Su sentido del oportunismo comercial sería evidente en los años siguientes. en mayo de 1931 nada más proclamarse la II República, ofrecía "corbatas y cinturones trecolores a 1,90 y 2,50 pesetas respectivamente" (para haceros una idea, mí abuela como esposa de combatiente en el bando Nacional cobraba 3 pesetas diarias). En noviembre de 1936, con una situación política radicalmente diferente, insertaba este otro anuncio: "¡Viva España! En El Arco Iris hay para la venta cinta nacional de todos los anchos" [...]

[...] En la calle Echegaray abría además sus distinguidas puertas el Casino de Jaca, llamado también Gabinete de Recreo, y que Pío Baroja pintó así en la novela antes citada: "El casino, un caserón grande, de una calle estrecha, se encontraba lleno de militares. En el guardarropa no se veían más que gorras de plato, gabanes y gabardinas". En efecto, el casino era el punto de cita de los sectores pudientes jaqueses y allí alternaban los numerosos jefes y oficiales repartidos por los tres cuarteles de la localidad con el reducido grupo grupo de personas que atesoraban el poder político y económico de la ciudad. Según el capitán Sediles, que participó con Galán en la sublevación de 1930, "a él iban todos los "carcas" de la ciudad, incluyendo a los militares. () Se hablaba de los temas idiotas: las chicas de fulanez o de Menganez y las reformas urbanas"[...]

[...] El tercer casino de la época también ha llegado hasta nuestros días: la Unión Jaquesa. De su primer emplazamiento en la calle Mayor pasó a su actual localización y fué también escenario de una actividad incesante, focalizada casi siempre en el teatro que por entonces atendía Antonio de Padua Tramullas. El Casino Unión Jaquesa -en palabras de Juan Lacasa Lacasa- reunía " a unos cuantos eruditos e intelectuales que querían mezclarse con el proletariado y la clase media, haciendo así como una cosa más popular y extensa". Lo cierto es que la Unión Jaquesa podría estar a medio camino entre el elitismo del caserón descrito por Baroja y la militancia de "La alegría juvenil" y durante el quinquenio republicano fué escenario de fogosos mítines multitudinarios y de visitas destacadas de personalidades de la esfera cultural, muchas veces relacionadas con los cursos de verano de la Universidad de Zaragoza. [...]

[...] El otro establecimiento curioso, muy própio de una época en la que solo los más pudientes tenían en casa un cuarto de baño, eran los baños públicos, situados al final de la calles de Cambras. Allí, en la esquina de casa "Mamatina", habían unas piletas similares a las actuales bañeras y por un módico precio los jaqueses podían utilizar el agua que en grandes calderos calentaban las mujeres que explotaban el negocio. Al lado habí también un lavadero y en el solar que luego albergó la fábrica de Agromán se disponían los tendedores. [...] A pesar de esta abundancia de establecimientos comerciales lo cierto es que la mayoría de los 7000 habitantes que había en la Jaca de 1930 tenían su fuente de ingresos en la agricultura. Había también algunas pequeñas industrias en la ciudad pero su poca envergadura no les permitía ofrecer más que un reducido número de puestos de trabajo[...] "Juan Lacasa y Hermanos" tenían una fábrica de chocolate en la calle Obispo y la familia Ipiens otra en la Mayor; La fábrica de lejía "nieve" en la del Carmen; existían también dos alpargueterías y una de pasta; la fábrica de ladrillos, con una destacable chimenea de 40 metros con una treintena de trabajadores[...]

[...] En términos militares, la ciudad gozaba de la consideración de "plaza fuerte" con una guarnición lijeramente superior a los 1000 hombres. Se Hallaban repartidos entre la Ciudadela y los cuarteles de Estudio y Victoria, que acogían respectivamentes, una batería de artillería, el batallón de Montaña La Palma nº 8 y el Regimiento Galicia nº 19. Después del 12 de diciembre, la guarnición del Regimiento Galicia fue trasladada a Barbastro en castigo por su adhesión a la intentona republicana y casi todos sus oficiales fueron juzgados y recluidos en prisiones militares. En las cercanías de la ciudad se levantaban además dos fuertes, el de Rapitán y el de Coll de Ladrones, dotado con una docena de hombresal mando de un oficial[...]

[...] En el terreno educativo, la iglesia ejercía igualmente el papel destacado y disponía de varios colegios en la ciudad. El alumnado masculino se repartía entre los Corazonistas y los Escolapios. Los Escolapios, la institución educativa religiosa con más raigambre en la ciudad, estaban en el entonces casi bicentenario edificio de la calle Mayor y ofrecían también la posibilidad de obtener el bachillerato. El alumnado femenino tenía la posibilidad de acudir al colegio de Santa ana, en la calle del coso. Además de estas ordenes religiosas en la calle Bellido estaba el colegio mixto de los "protestantes", como se conocía a la " Misión Francesa del Alto Gallego" que tenía en Jaca la Iglesia Evangelica Española desde 1920. Estaba dirigida por el reverendo Salvador Ramirez y "acogía a los alumnos que no tenían plaza en las escuelas nacionales y a los que eran rechazados por las ordenes religiosas porque no podían pagar las cuotas o por ser de mentalidad deficiente"[...]

[...]Las elecciones, ante la inexistencia en el Censo correspondiente de Jaca de sociedades que aportaran estos cargos corporativos, solo había que dilucidar los doce electivos y el método para ello era verdaderamente curioso: la mitad de ellos provenían del listado de los mayores contribuyentes, entre los que se sacaba los que ocupaban los 6 primeros lugares. La otra mitad del consejo habría que buscarla en la relación de ex-concejales que ya habían sido designados por el mismo método en las anteriores elecciones de 1917-20 y 22. [...] Las particularidades de este sistema evidencian los usos poco democráticos de una práctica que perpetuaba el caciquismo y promocionaba a los más ricos, que una vez en el poder pocas medidas iban a tomar en contra de sus propios intereses. Aquí puede radicar una de las causas del claro posicionamiento que tomaron los jaqueses al lado de Galán y los sublevados y todo ello quedó bien claro en las elecciones del día 12 de Abril[...]

consultad el libro : "La Segunda Rebública en Jaca, Una Época diferente" de Enrique Vicién Mañé.