dimecres, 3 de març de 2010

Calle Joaquín Costa 1911

No conozco municipio Altoaragonés que se precie que no tenga una calle dedicada a esta persona por todos conocida. Siempre me he topado con su nombre dondequiera que vaya, incluido la calle posterior de mí Universidad en el Raval de Barcelona, donde se halla también el Centro Cultural aragonés muy visitado en la segunda Capital de Aragón, donde se imparten entre otros cursos de fabla y se mantiene cierto apego a las tradiciones aragonesas. Por obligación moral debia de conocer un poco más su figura aunque sea por poder decir un par de frases célebres y cuatro aspectos delante de mís compañeros de curro y clase. Aprovechando mí obligada curiosidad lo traspaso a este blog, en que quizás un día heche la vista atrás y reconozca con familiaridad un momento de la vida en que obtuve la necesidad de conocer.

"En 1898, España había fracasado
como Estado guerrero, y yo le echaba
doble llave al sepulcro del Cid para
que no volviese a cabalgar.»
Joaquín Costa


"¡Jóvenes! Amad el trabajo y el estudio, porque son bienes que jamás se agotan; amadles, porque son amigos inseparables que en la fortuna como en la desgracia, irán siempre a vuestro lado, y derramarán sobre vuestro corazón el bálsamo de la felicidad, de la alegría y del consuelo; ¡ay de aquél que desprecie mis consejos, qué amargas lágrimas de desconsuelo derramará a su recuerdo, pero cuando sea demasiado tarde! "

Joaquín Costa

Joaquín Costa Martínez (Monzón,Huesca 14 de septiembre de 1846 – Graus, Huesca, 8 de febrero de 1911) fue un político, jurista, economista e historiador español, el mayor representante del movimiento intelectual decimonónico español conocido como Regeneracionismo, con su conocido lema «Escuela, despensa y siete llaves para el sepulcro del Cid».

Hijo de una familia de labradores, tiene que pagarse sus estudios de bachiller con sus trabajos como albañil, mozo de caballos, jabonero y segador. Visita, invitado como trabajador español, la Exposición Universal de París en 1867, lo que le impacta profundamente.

Trabajaba y estudiaba en Huesca —magisterio, bachiller— y Madrid, donde se doctora en Derecho (1872) y Letras (1875). Escribe La vida del Derecho (1876) y es profesor auxiliar en la Universidad Central, cargo al que renuncia en protesta por la política educativa de la Restauración junto a Francisco Giner de los Ríos y otros miembros de la Institución Libre de Enseñanza. A esta institución laica de enseñanza, inspirada en la filosofía del Krausismo, se halla ligado entonces dirigiendo su Boletín (1880–1883), dando clases y participando eficazmente en el Congreso Pedagógico Nacional de 1882.

Ejerce como letrado en Cuenca y después en Huesca (1877–1879); en esta última estancia en su ciudad natal redacta Cuestiones celtíberas: religiones, Organización política, civil y religiosa de los celtíberos y Derecho consuetudinario del Alto Aragón.

De nuevo en Madrid como pasante, colabora en la Revista de España, en la Revista General de Legislación y Jurisprudencia y en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, donde presenta sus Estudios jurídicos y políticos y su Teoría del hecho jurídico individual y social. Más adelante, en 1887, será profesor y hará un Plan de una Historia del Derecho español en la antigüedad. Participa en el Congreso de Jurisconsultos Aragoneses, en Zaragoza.

Sus humildes orígenes le inclinan a la política; estudia particularmente las raíces populares del derecho consuetudinario español (Introducción a un tratado de política textualmente de los refraneros, romanceros y gestas de la Península, 1881) y el mundo rural al participar en los Congresos de Agricultores y Ganaderos (1880–1881). Participa también en numerosos mítines y conferencias africanistas y abolicionistas, planteando su visión de El comercio español y la cuestión de África (1882). Dirige, además, el Congreso Español de Geografía Colonial y Mercantil (1883), cofunda la Sociedad de Africanistas y Colonistas que dirige las expediciones al África occidental y ecuatorial y toma parte en la Revista de Geografía Colonial (1885–1887).

Por entonces accede al cuerpo de notarios (Granada, Jaén) y aboga inmediatamente por la reorganización del Notariado, del Registro de la Propiedad y de la Administración de Justicia (1890). Ingresa igualmente en el Cuerpo Superior de Abogados del Estado.

Sin embargo, una progresiva enfermedad de atrofia muscular le recluye en el amado y familiar Graus (Huesca), desde donde a pesar de todo organiza a la Liga de Contribuyentes de Ribagorza que deriva en movimiento político de inclinaciones sociales. De ahí surgen varias campañas por todo el Alto Aragón (1892 en adelante), con el fin de potenciar la producción agraria gracias al regadío y mediante obras hidráulicas que debe hacer el Estado, en opinión de Costa.

Tras regresar, por fin (1893), a una plaza de notario en Madrid, tiene ahora una visión mucho más política y científico-social, preparando su magna obra Colectivismo agrario (1898), en que hace una dura crítica de la destrucción por las desamortizaciones y otras prácticas de ancestrales sistemas de propiedad comunal, que describe muy documentadamente, y galvaniza a la opinión pública a raíz del Desastre de 1898, en que España pierde sus últimas colonias a causa de la guerra con Estados Unidos: Cuba, Puerto Rico y las islas Filipinas.

En el segundo tomo del Colectivismo Agrario en España (1898) presenta Costa lo que viene a ser una amplia historia económica de los sistemas de propiedad y sus diversas modalidades (desde los cotos a las tierras concejiles y comunales), las formas de explotación, etc., remontándose a dos siglos antes de nuestra era; también, con notable agudeza, trata del control sobre el agua y sus diversas formas de propiedad, de las cofradías pesqueras, etc.

Con sus mensajes a las Cámaras Agrarias aragonesas consigue la creación de una Asamblea Nacional de Productores que se alía con las Cámaras de Comercio que lidera Basilio Paraíso y la Liga Agraria formada por las clases propietarias castellanas dirigidas por Santiago Alba para formar la Unión Nacional, nuevo partido político popular y muy crítico con el sistema de la Restauración canovista. Esta propuesta resulta demasiado heterogénea y resta por un momento muchos militantes al republicanismo y aunque allí están, aunque diluidas, las ideas de Costa, carece de su método y su dirección y no se convierte en partido político. Así y todo, Costa acata la Unión Nacional, integra sus fuerzas, acepta un cargo en el Directorio y redacta el mensaje de queja y protesta al Congreso de los Diputados que se publicó en la prensa el 1 de abril. Pero no funcionó el intento de fuerza de sacar manifestaciones a la calle: se prohibió la de Madrid, y se autosuspendieron las demás. Reunidos en la casa de Costa, en Madrid, Paraíso pugna por acciones directas espectaculares como una huelga de contribuyentes, mientras Costa cree improbable un alto seguimiento de esa medida y más seguro y profundo el trabajo de un partido político, educador del pueblo. Hay disensiones sobre la estrategia a tomar entre Costa y Paraíso y al cabo Costa plantea (septiembre de 1900) su separación del Directorio de la Unión Nacional. Los gremios madrileños se alejan también de Paraíso, si bien la Unión todavía celebra un mítin en Barcelona en abril de 1901. Paraíso y Alba se aseguran sendos escaños de diputados liberales mientras Costa, que sueña aún con un partido de intelectuales, vira hacia la Unión Republicana. La Unión Nacional se desintegró por la tensión entre los intereses populares y los corporativos. Costa percibió que el poder, tal como estaba configurado, no acometería nunca reformas regeneracionistas. En ese empeño Costa se halla completamente solo.

Afectado profundamente por el fracaso de la Unión Nacional, continuó, atribuyendo responsabilidades por la situación española a la propia monarquía en Quiénes deben gobernar después de la catástrofe, Reconstitución y europeización de España y, sobre todo, la espectacular encuesta realizada desde el Ateneo de Madrid con la colaboración de muchas grandes figuras de la cultura y la sociedad españolas (de Miguel de Unamuno a Emilia Pardo Bazán) para redactar uno de sus títulos clásicos: Oligarquía y Caciquismo como la forma actual de gobierno en España: urgencia y modo de cambiarla (1901),[1] tremenda e informada denuncia de la corrupción del sistema político canovista de la Restauración que supondrá la marginación de Costa de los centros políticos del sistema.

En 1903 ingresa en la Unión Republicana de Nicolás Salmerón, y es elegido diputado a Cortes pero no llegó a ocupar su escaño, cansado, enfermo y bastante desengañado de todo.

En 1905 se retira definitivamente e instala en Graus, donde morirá el 8 de febrero de 1911.

En su libro "Reconstitución y europeización de España" (1900), resume su programa político-económico. Quiere que España sea rica para todos antes de pensar en repartir la miseria común. Por europeización entiende, predominantemente, transformación del espacio físico económico de España: repoblación forestal, canales y pantanos, regadíos; en suma, revolución de la agricultura y de toda la producción.

La influencia de Costa fue profunda, y es reconocida por muchos pensadores del 98, de todo el arco político: Menéndez y Pelayo, Unamuno, Ortega y Gasset o Ramiro de Maeztu

El historiador español Alberto Gil Novales ha visto con claridad la gran contradicción de Costa en este gran trabajo: denuncia desde dentro el mismo sistema político que pretende destruir. La información que utiliza en su obra no excluye a los caciques y oligarcas en cuanto hombres representativos de la cultura de su época. Como resumen definitivo de la encuesta (1902) elabora un programa de enunciados prácticos, casi su testamento político, en el que mezcla grandes horizontes y algunas obsesiones menores, casi comarcanas: (pongo las que me parecen más representativas del momento y que mantienen cierta vigencia)

-Cambio radical en la aplicación y dirección de los recursos y energías nacionales (presupuesto volcado en educación, colonización interior, obras hidráulicas, repoblación forestal, investigación científica, etc.)... «en suma, desafricanización y europeización de España».

-Reforma de la educación en todos sus grados, «rehaciendo y refundiendo al español en el molde europeo» (el plan es muy detallado y se observa en él la impronta gineriana).

-Suministro de tierra cultivable, con calidad de posesión perpetua y de inalienable, a los que la trabajan y no la tienen propia. ¿Cómo? «Derogando las leyes desamortizadoras relativas a los concejos, autorizando a los Ayuntamientos para adquirir nuevas tierras, creando huertos comunales... Donde esto no baste, expropiación y arrendamiento o acensuamiento de tierras...».

-Legislación social (contrato de trabajo, seguro social, cajas de retiro).

La Política hidráulica, en cierto modo su testamento político y una de las grandes batallas que ganará después de muerto, al impulsarse, años después, importantes planes de riegos en Aragón y en otros lugares de España.

Bibliografía entre otros enlaces:

E. FERNÁNDEZ CLEMENTE, «El pensamiento y la obra de Joaquín Costa»
M. FERNÁNDEZ ALMAGRO, El caso Joaquín Costa, en En torno al 98, Política y literatura, Madrid 1948
M. GAMBÓN PLANA, Biografía y bibliografía de D. Joaquín Costa, Huesca 1911
M. CIGES APARICIO, Joaquín Costa, Madrid S. f.
L. LEGAZ LACAMBRA, El pensamiento social de Joaquín Costa, en Estudios de Historia social de España, Madrid 1949
C. MARTÍN RETORTILLO, Joaquín Costa propulsor de la reconstrucción nacional, Barcelona 1961
E. TIERNO GALVÁN, Costa y el regeneracionismo, Barcelona 1961.